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Economía

Una absoluta dependencia de la agricultura es el rasgo más característico de la economía de Montemayor. Así, el porcentaje de población agraria o del sector primario alcanza el 55,3%, proporción comparable a muy pocos municipios de la comarca; en contrapartida, las cifras de individuos clasificados en el sector secundario (industria y construcción) es bajo y queda reducido a un 16%, en tanto que el sector terciario (servicios) ocupa el 28,8% de la población activa.

Esta agricultura, una vez desaparecidos amplios espacios de monte encinar que sobrevivieron hasta comienzos de siglo, tiene hoy la práctica totalidad del término como tierras labradas; y así, de las 5.365 hectáreas que componen las explotaciones censadas, sólo el 1,34% aparecen sin cultivar. En estas tierras labradas destacaban históricamente dos aprovechamientos: el cereal en las tierras acortijadas y el olivar en la pequeña propiedad; en detrimento de este último, el viñedo ha avanzado recientemente. De este modo, en la actualidad, los herbáceos siguen ocupando la mayor parte del término con sus 3.642 hectáreas, seguidos por la vid y el olivar con 1.060 y 564 respectivamente.

La estructura de la propiedad agrícola presenta una máxima polarización, pues la pequeña propiedad -menos de 20 hectáreas- supone, en cuanto a número, el 95,51% de las explotaciones, pero en conjunto ocupan una escasa superficie; en cambio, las grandes explotaciones -más de 100 hectáreas- que, en cuanto a número, son sólo el 1.58%, ocupan sin embargo la mayor parte del terrazgo. Piénsese que esta gran propiedad procede en su mayor parte del antiguo patrimonio de los duques de Frías, que en 1864 disponían de un total de 7.200 fanegas (4.407,12 hectáreas), el 82,14% de la superficie agraria útil. Por otra parte, en la mayoría de los casos, los beneficiarios de esta gran propiedad no son los vecinos de Montemayor, por lo que esta agricultura es, en buena parte dependiente, que revierte sus beneficios al exterior.

En estas condiciones resulta perfectamente explicable que el número de empresarios que ofrecen trabajo sea muy escaso, el 0,7% del total de la población activa, el más bajo porcentaje de la Campiña; igualmente es reducida la cantidad de trabajadores independientes (8,5%) que viven del trabajo por cuenta propia, mientras que la proporción de asalariados, jornaleros y pequeñísimos propietarios que trabajan por cuenta ajena resulta ser la más alta de la comarca, el 89,5% de la población activa. Consecuencia de lo anterior es la existencia de desempleo latente que en 1987 afectaba, según las estadísticas oficiales, al 13,6% de la población, aunque parece que la realidad pueda superar estas cifras.

Esta prepotencia de la actividad agrícola resta importancia a cualquier otro sector económico de Montemayor, con lo que la industria, si ignoramos el 8,3% de la población que trabaja en la construcción, queda reducida a un 7,7% de la población activa, proporción casi monopolizada por la trasformación de productos agrarios: vinos aceites, industria panadera, etc. Especial mención merece la actividad vitivinícola, tanto por su importante producción -vinos blancos y dulces Pedro Ximénez- como por el control casi total que sobre él ejercen las cooperativas campesinas, lo que revierte sus beneficios sobre el propio agricultor. De todas maneras, la práctica totalidad del vino es vendido a otras empresas bodegueras para su crianza y comercialización al por menor. Y si a este subsector le añadimos los talleres de reparaciones de automóviles, prácticamente la nómina industrial de Montemayor queda así reflejada de modo íntegro.

En cuanto al sector terciario, al margen del lógico funcionariado local, cifras que se nutren de un pequeñísimo comercio, en el que las licencias del grupo alimenticio ocupan un lugar preeminente, así como de una reciente y parece que próspera actividad hostelera al amparo de la carretera Córdoba-Málaga.